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Factofilia: Ni medallas olímpicas, ni salud pública

Deporte, activación física y sedentarismo en México  

Atzimba Baltazar, Franco Bavoni y Eduardo Bohórquez | 01.07.2015

En México, deporte y activación física tienden a verse como lo mismo. Esta confusión se debe, en gran medida, a que no hemos reflexionado lo suficiente acerca del significado de estos términos. En el discurso, únicamente hemos subrayado los beneficios del deporte y no lo necesario de la activación física. Empecemos por las definiciones legales. Según la Ley General de Cultura Física y Deporte, la activación física es el “ejercicio o movimiento del cuerpo humano que se realiza para mejora de la aptitud y la salud física y mental de las personas”. Al deporte, la ley lo define como una “actividad física, organizada y reglamentada, que tiene por finalidad preservar y mejorar la salud física y mental, el desarrollo social, ético e intelectual, con el logro de resultados en competiciones”. Si bien ambas definiciones incluyen la actividad física y sus beneficios, solo la segunda es una práctica organizada y reglamentada que tiene como objetivo obtener buenos resultados en una competencia. El deporte es activación física, pero no toda la activación física es deporte. Cuando una persona camina de su casa al trabajo, se activa físicamente, pero no hace deporte.

El Programa Nacional de Cultura Física y Deporte 2014-2018 refleja esta confusión. En el diagnóstico inicial, se reconoce que el sistema deportivo mexicano tiene varias debilidades. Entre ellas están la carencia de programas de activación física para la población, la falta de un diagnóstico de la aptitud física de los mexicanos y la insuficiencia del financiamiento público para la activación física. Hay un problema en este planteamiento: a diferencia de los resultados pobres de atletas mexicanos en competencias internacionales —que es, en efecto, debilidad del sistema deportivo mexicano— la activación física no siempre pertenece al mundo del deporte.

En el Programa también se puede ver que la estrategia central para promover el bienestar y la salud de la población es el “deporte social” y no la activación física. Se propone, por ejemplo, “impulsar campañas municipales de diagnóstico de la aptitud física, así como de promoción de la práctica del deporte social para disminuir el sedentarismo”. Otra línea de acción es “promover la participación privada en la lucha contra el sedentarismo a través del deporte social”. La preponderancia del “deporte social” en el Programa muestra, por un lado, que no se ha comprendido cabalmente la diferencia entre deporte y activación física y, por otro, que esta se ha relegado a un segundo plano en la lucha contra el sedentarismo. Aclarar la diferencia entre estos dos términos puede contribuir a diseñar mejores políticas públicas que mejoren los resultados de México en competencias deportivas y combatan la crisis de salud pública que vive el país.

Para ilustrar la importancia de que se incluya la activación física —y no solo el deporte— en las políticas públicas que buscan mejorar la salud y el bienestar de la población, conviene pensar en el caso de Estados Unidos. Nuestro vecino del norte es una potencia deportiva: en los Juegos Olímpicos de Londres 2012 superó a China para quedarse con el primer lugar del medallero. El triunfo no es casualidad: si se suman los resultados de todas las olimpiadas desde Atenas 1896, el país de las barras y las estrellas tiene cuatro veces más medallas de oro que el Reino Unido y casi cinco veces más que Alemania. A pesar de su éxito deportivo, Estados Unidos es uno de los países con mayores índices de obesidad y sobrepeso en el mundo: siete de cada diez estadounidenses sufren alguno de estos padecimientos. Aunque se dé al deporte un enfoque social y no solo de alto rendimiento, es evidente que una política exitosa en materia deportiva no puede asociarse con mejores condiciones de salud para la población en general.

Para combatir la epidemia de enfermedades no transmisibles que sufre nuestro país —sobrepeso, obesidad, diabetes, hipertensión y otros padecimientos cardiovasculares— es indispensable distinguir entre deporte y activación física. Si bien se complementan, se trata de esferas de política pública diferentes. México tiene que plantearse dos resultados en su política pública: primero, que la población se active físicamente y, además, que los atletas mexicanos mejoren sus resultados en competencias nacionales e internacionales. Nuestro país no puede conformarse con aumentar el número de medallas en los Juegos Olímpicos. Tiene que ser mucho más contundente, ya que la población requiere algo más que practicar un deporte; requiere activación física permanente. En el marco de salud pública para el siglo XXI, el país no puede darse el lujo de ver cambios en el medallero olímpico sin activar al grueso de la población. No seamos, como Estados Unidos, auténticos obesos olímpicos. 

 

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