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La globalización y sus enemigos

Timothy Heyman y Jorge Marmolejo | 01.10.2016
La globalización y sus enemigos

La globalización no es monolítica sino un conjunto de consecuencias en proceso de evolución, buenas, malas e involuntarias. Es la nueva realidad.

 John B. Larson 

Globalización 

La globalización, desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, ha evitado nuevos conflictos a gran escala y, aumentando el pib per cápita global, ha reducido la pobreza creando gran estabilidad y prosperidad (ver la Gráfica 1). La globalización se puede definir como la eliminación de barreras ideológicas y geográficas, propiciando no sólo el intercambio de bienes y servicios, sino también el de ideas, personas, información y capital. La causa principal de la globalización ha sido la tecnología, que favorece el crecimiento económico y, principalmente en las últimas décadas, ha reducido las barreras geográficas con tecnología, medios y telecomunicaciones (TMT), culminando en el internet. El avance de estas tecnologías en el mundo capitalista contribuyó a la caída de regímenes comunistas y socialistas, socavando el proteccionismo y abriendo economías.

 

 

 

Beneficios 

Mercados globales

El beneficio más claro de la globalización es el aumento del comercio a niveles récord entre economías desarrolladas, en vías de desarrollo y transicionales (ver la Gráfica 2). Las interacciones se han vuelto mucho más complejas con el tiempo según las ventajas comparativas de cada país.

 

Capitales 

La inversión extranjera directa global ha alcanzado máximos desde la década de los ochenta (ver la Gráfica 3), incorporando mercados emergentes a las cadenas de suministro global. La inversión viene acompañada de transferencia tecnológica. Algunas empresas emergentes que antes se dedicaban exclusivamente a la manufactura se han convertido en líderes de innovación y producción.

 

Migración

Otro beneficio ha sido el movimiento más eficiente de personas para trabajar en donde hay necesidad de mano de obra por razones demográficas, o de personas calificadas. La cantidad de migrantes en el mundo ha aumentado de 153 millones en 1990 a 244 millones en 2015 (ver la Gráfica 4), casi la mitad con destino a Estados Unidos y Europa. El 38% de los migrantes van de un país en desarrollo a otro. Estos trabajadores envían remesas a sus lugares de origen. Según el Banco Mundial, en 2015 del total de remesas de 582 mil millones de dólares, 441 mil millones se enviaron a países en desarrollo —esta cifra triplica la ayuda al desarrollo anual (ver la Gráfica 5). Los principales países donde se generan las remesas son Estados Unidos, Arabia Saudita y Rusia, mientras que los países receptores de los mayores flujos son India, China, Filipinas y México. Los migrantes que regresan a sus países también son una influencia positiva en el avance democrático e institucional.

 

Problemas

Desigualdad

Los beneficios de la globalización del aumento del ingreso son innegables, pero estos aumentos no han sido iguales para todos. Desde 1891 han habido dos picos de desigualdad en mercados desarrollados y emergentes: en los años veinte, y en la época actual a niveles aún mayores (ver la Gráfica 6).

En fechas recientes, la desigualdad, según ciertas mediciones, se acentuó por la crisis de 2008. La recuperación ha llevado a un aumento real —después de inflación— en los activos financieros, a superar los niveles que tenían antes de la crisis (representado por el nivel del índice accionario S&P 500), pero los salarios siguen estancados en términos reales (ver la Gráfica 7).

 

Migración

La migración hacia mercados desarrollados genera competencia por trabajos y recursos como seguridad social y vivienda. Esto ha causado rechazo contra migrantes en los países desarrollados receptores, y se ha agudizado por las diferencias culturales y religiosas entre los migrantes y la población local, acentuándose la utilización de estereotipos. Este rechazo fácilmente se traduce en racismo y nacionalismo.

 

Proteccionismo

Otro producto de la globalización ha sido también la migración de los empleos a mercados emergentes por mano de obra más barata. Estos efectos pueden estar focalizados en ciertas industrias, por ejemplo la migración de las plantas automotrices estadounidenses y la industria del acero británica. El rechazo de este fenómeno se traduce en proteccionismo y en el deseo de imponer tarifas sobre importaciones producidas por mano de obra barata y de regresar la manufactura al país consumidor.

 

Desconfianza en la clase política

La percepción de desigualdad, el rechazo a la inmigración y a productos baratos importados, y la parálisis política consecuente crean una percepción en el electorado, a veces justificada, de que las élites gobiernan para su propio beneficio, de que son indiferentes a sus necesidades o que simplemente son incompetentes. En Estados Unidos la confianza en Washington está en sus niveles más bajos desde 1958 (ver la Gráfica 8). En Europa, el Parlamento Europeo, la Comisión Europea y el Banco Central Europeo también están en niveles mínimos de confianza desde 2006.

 

Populismo

La combinación de desigualdad percibida, racismo, nacionalismo y proteccionismo es caldo de cultivo para el populismo. Demagogos aparecen, y se presentan como “ajenos” a la clase política y preocupados por el ciudadano “ordinario”. No tienen programas articulados, coherentes o siquiera plausibles, pero en su mayoría se pronuncian en contra de lo que hemos definido como la “globalización”. En fechas recientes estos movimientos han sido subestimados, hasta lograr victorias inesperadas como el Brexit (en donde la inmigración fue el tema más importante) o la nominación de Donald Trump a la candidatura del Partido Republicano (en donde el tema más importante es el proteccionismo). Estos movimientos en países angloparlantes tienen su equivalente en partidos populistas en otros países (ver la Tabla 1).

 

Estímulos

 La mejor manera de frenar el avance del populismo antiglobal es hacer que el crecimiento económico alcance a los marginados y mejore las condiciones de la mayoría en un futuro inmediato en forma tangible y visible. Un motivo importante es que las plataformas populistas muchas veces llegan a niveles irracionales y que no son factibles (por ejemplo, el muro y las políticas anti-TLC de Trump). Otro motivo evidente es que el establishment político quiere conservar su trabajo. Para impulsar el crecimiento económico, los políticos disponen de tres herramientas principales: política monetaria, reformas estructurales y política fiscal.

 

Política monetaria

Con expectativas de un crecimiento bajo para los próximos años y 10 billones de dólares de la deuda global pagando tasas negativas, más otros 18 billones de dólares pagando menos del 1%, la opción de política monetaria se considera agotada (ver la Gráfica 9). Una opción extrema, que consideramos en un informe anterior (“Perspectiva mensual”, junio de 2016), sería el “dinero de helicóptero”, o sea la creación de dinero para impulsar el gasto público. Mientras tanto, la Reserva Federal (Fed) de Estados Unidos ya empezó a subir su tasa de referencia, y es posible otro aumento en 2016.

 

Reformas estructurales

La mejor opción a largo plazo es la de realizar reformas estructurales que hagan a sus economías más competitivas en el entorno global. En la mayoría de los países no se han podido concretar los acuerdos políticos para realizarlas. Aunque lograran implementarlas rápidamente, los efectos tardarían en manifestarse y sería muy difícil detener la ola antiglobalización en el corto plazo.

 

Política fiscal

Políticos y autoridades monetarias han hecho un llamado para coordinar políticas monetarias con políticas fiscales que promuevan el crecimiento. En junio, Janet Yellen declaró ante el Senado de Estados Unidos que “la política fiscal no juega un papel de apoyo en los esfuerzos por reactivar el crecimiento”. En julio, el economista en jefe del Banco Central Europeo también declaró que “la política monetaria no puede ser el único remedio para los retos económicos actuales”.

Los estímulos fiscales pueden darse de dos maneras no excluyentes: bajar impuestos y/o aumentar el gasto público. Las tasas de interés bajas hacen atractivo y barato para los gobiernos endeudarse para financiar estos programas de gasto. Esta visión ha comenzado a ser considerada o a implementarse en varios países:

En Estados Unidos ambos candidatos presidenciales han sugerido amplios programas de infraestructura.

En el Reino Unido las metas de déficit se han pospuesto para contener los efectos económicos del Brexit y se considera un paquete de gasto en infraestructura.

Japón intentará nuevamente activar su economía con un ambicioso programa de gasto de 45 mil millones de dólares, aunque los esfuerzos anteriores fueron poco efectivos por mala ejecución.

Alemania, en lo referente a la disciplina fiscal, está considerando bajar impuestos de cara a las elecciones del próximo año.

 

Observadores esperan el anuncio de políticas fiscales en varios países, y parece ser la única explicación para la recuperación de los mercados después de la caída inmediatamente pos-Brexit (ver la Gráfica 11). En julio de este año el término “estímulo fiscal” apareció más de 800 veces en Bloomberg, algo no visto desde enero de 2009 durante la mayor crisis financiera desde los años treinta.

 

Riesgos 

Los principales riesgos del estímulo fiscal son:

Si el estímulo está mal planeado y ejecutado (por ejemplo, puentes hacia ningún lado, aeropuertos sin vuelos o edificios vacíos) puede ser contraproducente. Los desempleados siguen sin empleo y el populismo sigue.

Si el estímulo se da por recorte de impuestos, los consumidores pueden decidir no gastar el ingreso extra usándolo para pagar deudas o para ahorrar. En este caso se nulifica el efecto sobre el crecimiento.

Los estímulos pueden presentarse como los mercados esperan: suficientes, eficientes y efectivos. Pero la deuda adicional puede causar un alza brusca de tasas con efectos inciertos en economía y mercados.

 

 México 

México es beneficiario de la globalización. Tiene 12 tratados de libre comercio que incluyen a 49 países, entre los cuales los más importantes son el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN)Tratado de Libre Comercio con la Unión Europea (TLCUE). Estar tan cerca de Estados Unidos, sus bajos costos de producción y su infraestructura han ayudado a lograr un liderazgo en producción automotriz, electrónica y otras manufacturas. En 2015 recibió a 87 millones de turistas internacionales que generaron 17 mil millones de dólares, y se esperan cifras mayores en 2016. Las remesas de migrantes mexicanos de 24.8 mil millones de dólares fueron la segunda “exportación” en 2015.

Muchos países de América Latina han cambiado del populismo a políticas económicas y sociales centristas. Ejemplos relevantes son Argentina, con el presidente Macri, Perú con Kuczynski, Brasil con la recién destitución de Dilma Rousseff, y hasta Venezuela, donde la presidencia de Nicolás Maduro está en peligro.

No es de sorprender que en México no haya un rechazo generalizado al libre comercio ni a la migración. Sin embargo, sí hay resentimiento por la desigualdad y la corrupción, y por lo tanto hacia los políticos en general. Como en otros países, es imaginable que políticos populistas pudieran atribuir todos los problemas del país a la globalización, aunque ésta no sea estrictamente la causa.

Según las encuestas actuales, Donald Trump, quien está en contra de la migración y el libre comercio (pilares del reciente desarrollo político, social y económico de México), tiene una posibilidad razonable de ganar la elección presidencial de Estados Unidos en noviembre. Su elección podría desembocar en México en una reacción populista, nacionalista y antiglobal, revirtiendo el progreso de las dos últimas décadas —en contra de la tendencia en América Latina pero en línea con las tendencias en Estados Unidos y Europa.

 

Conclusión 

El mundo está en una coyuntura en la que no se debe subestimar el avance del populismo, sus consecuencias y lo que esto implicaría para la globalización. Por un lado, un desenlace positivo es posible porque el temor al populismo podría dar incentivos a los políticos y a la sociedad en general para implementar estímulos fiscales que empujen a las economías a romper la tendencia actual de crecimiento bajo. Por otro, la estabilidad y prosperidad obtenidas tras la Segunda Guerra Mundial podrían retroceder si las propuestas populistas se contagiaran y triunfaran simultáneamente en varios lugares del mundo. EstePaís

 

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Timothy Heyman es presidente de Franklin Templeton Servicios de Asesoría México. Jorge Marmolejo es gestor de Cartera en Franklin Templeton Servicios de Asesoría México.