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Encuentros y despedidas en la cultura mexicana de los últimos once años

Mónica Maristain | 01.10.2016
Encuentros y despedidas en la cultura mexicana de los últimos once años

Para el escritor mexicano Jorge Volpi no puede haber nada más importante en los últimos once años en el ámbito cultural de este país que la muerte prematura y trágica de su “hermano” Ignacio Padilla (1968-2016), acontecida en un accidente automovilístico en Querétaro.

Va de suyo que el autor de En busca de Klingsor no ha perdido, como todos los mexicanos, nada más a una importante figura de la literatura, sino también a uno de sus afectos más cercanos que, como él —según dice en entrevista con Este País—, “estaba obsesionado con las pérdidas, a pesar de que no había tenido ninguna”.

“De hecho, el último curso que dio en la Universidad Iberoamericana fue sobre los escritores y sus pérdidas”, cuenta Volpi, él mismo —primero al frente de Canal 22 y ahora del Festival Internacional Cervantino— un gran protagonista de la cultura nacional de los años recientes.

Comenzar con una pérdida es traducir el sentimiento de muchos de los escritores entrevistados por este medio, quienes sienten que los once años transcurridos desde 2005 a la fecha están marcados por la partida de figuras irrepetibles de la literatura y el arte en general en nuestro país.

Así lo expresa el narrador y ensayista Luis Muñoz Oliveira, autor del reciente Árboles de largo invierno (Almadía), un tratado sobre la humillación y su influencia en la sociedad contemporánea, y quien siente el abismo de la soledad al confirmar que “nos vamos quedando sin grandes figuras, como Carlos Fuentes, Carlos Monsiváis, José Emilio Pacheco”.

Para Muñoz, los once años también están marcados por el crecimiento de la industria cinematográfica, potenciada por “el artículo 189 de la ley del isr que ayuda a que reúnan recursos”. Destaca también el fortalecimiento de las editoriales independientes como Almadía y Sexto Piso, así como el lucimiento de nuestros compatriotas en Hollywood, desde Alejandro González Iñárritu y Emmanuel Lubezki, y el surgimiento de los jóvenes escritores Valeria Luiselli y Yuri Herrera.

“La discusión pública alrededor de premios y becas (primero el affaire Bryce Echenique, luego las antologías) demuestra que es saludable aprender a ser transparentes con el dinero público”, dice el escritor, quien también ve una década propicia para que “la generación de los setenta, integrada, entre otros, por Emiliano Monge, Antonio Ortuño, Carlos Velázquez, Daniel Espartaco y Jaime Mesa, acompañada por jóvenes como Fernanda Melchor, Valeria Luiselli y Rodrigo Márquez Tizano, muestre su ímpetu”.

Alberto Chimal también define los recientes once años en el ámbito cultural por las pérdidas: “En estos años han desaparecido personalidades consagradas desde el siglo xx que van de Salvador Elizondo a Juan Gabriel (o el reciente Teodoro González de León). Todos eran figuras importantísimas, tan relevantes que su ausencia nos resultaba en muchos casos inimaginable”, dice el autor de la novela La torre y el jardín, candidato al Premio Rómulo Gallegos en 2013.

“Ahora hay que esperar que los grandes que nos quedan nos duren y que los nuevos referentes que tenemos nos sirvan en este tiempo tan difícil”, dice.

Desde las nuevas generaciones, el joven narrador y crítico de cine Iván Farías, ganador del Premio Beatriz Espejo por su libro de cuentos Entropía Remix, destaca la irrupción del escritor Heriberto Yépez “como conciencia crítica, y el abandono de su columna” un hecho relevante de los últimos once años de la cultura mexicana.

“La creación de la Secretaría de Cultura y su reestructuración, que implicó, entre otras cosas, la desaparición de Tierra Adentro y el crecimiento del género policiaco, no como moda entre la intelectualidad, sino como hábito entre el lector promedio”, son hechos a destacar por Farías, quien también menciona “la consolidación de editoriales independientes y de revistas electrónicas”.

“Pero tal vez lo más importante es la diversidad de voces. Ya no hay un bloque monolítico agrupado sino un gran grupo de escritores y escritoras en todas partes del país que nivelan la balanza ante la cultura institucional y gobiernista”, afirma Iván.

Desde Hermosillo, Sonora, el escritor y periodista Iván Ballesteros Rojo, director, entre otras cosas, de la revista independiente Pez Banana, encuentra trascendente “la publicación de la novela Trabajos del reino”, de Yuri Herrera.

Desde Madrid, donde ha sentado recientemente su residencia, la escritora Laura Martínez-Belli encuentra que el Premio Cervantes para Fernando del Paso y Elena Poniatowska merece estar entre lo más destacado de los once años recientes, un tiempo donde se demuestra más que nunca la invencibilidad de las expresiones culturales, manifestación esencial de una especie que, como la humana, busca en el siglo xxi un rumbo que parecía ser más seguro en centurias pasadas.

Once años en los que, como bien destaca la autora de la novela Por si no te vuelvo a ver, entre otras, hemos hecho nuestros los premios Oscar de Alejandro González Iñárritu, Emmanuel Lubezki y Alfonso Cuarón.

Elisa Carrillo, la famosa bailarina que logró ser primera figura en la Ópera de Berlín, constituye para Martínez-Belli un hecho incontrastable de la fuerza del arte nacional y la expresión de una presencia activa en el ámbito internacional, donde México siempre es referencia.

Protagonista del ballet de alto nivel, Carrillo también ha creado una fundación en México para becar a las niñas que, como ella en su infancia, albergan el sueño de la danza. Nacida en Texcoco, la bailarina ha creado el espectáculo Infinita Frida, con el que ha llegado a presentarse en un escenario tan relevante como el Alexandrinsky Theatre de San Petersburgo, dando un tono más a esa enorme paleta de pintor que representa la famosa artista mexicana.

Frida, eternamente Kahlo, es sin duda una de las grandes protagonistas de los últimos once años —tan importante es su presencia en el mundo— mediante un legado que podríamos calificar de estridente y que es celebrado con la asistencia multitudinaria a los museos donde se muestran sus cuadros.

Diferentes retrospectivas en Italia, Brasil y Rusia, entre otros, marcaron una tendencia blindada que no cesa y que pone a la célebre e icónica pintora en el centro de la atención mundial.

Dado a la tarea con disciplina y rigor, el escritor Pablo Soler Frost elaboró un índice de diez hechos culturales que lo sorprenden y sobre los que suele reflexionar, a saber:

 

I. La emergencia de las redes. II. El divorcio entre lo real y lo interior. III. Nuevos e irrenunciables derechos. IV. El fracaso de la “guerra contra las drogas”. V. El crecimiento de los estudios de género y su cabal salud. VI. El “recorte” continuado de los presupuestos culturales. VII. Los descubrimientos arqueológicos en Teotihuacán, en el Templo Mayor; las publicaciones continuas sobre arqueología y cosmogonía mexicanas y las hazañas robóticas y matemáticas de jóvenes estudiantes mexicanos. VIII. La supervivencia de los clichés nacionales. IX. La intrascendencia católica; su desleimiento. X. La progresiva extinción de los paradigmas anteriores a este siglo. Otrosí la continuación de ciertos linajes.

 

Lo social y lo cultural conforman para la narradora y poeta Ethel Krauze (autora de la novela El país de las mandrágoras y el poemario La otra Ilíada) una unidad indivisible, al punto de destacar entre los acontecimientos primordiales de los últimos once años “la megamarcha alto a las violencias contra la mujer que desató el destape de redes y medios sobre el acoso sexual. Las mujeres empiezan a salir de ese clóset lleno de telarañas, por su propia boca, con sus propias palabras, dejando el papel de víctima, para hacer valer sus derechos. Hay una escritura-literatura emergente”, afirma. “En un orden parecido, el reconocimiento social, civil y lingüístico del matrimonio igualitario, a pesar de la inercia retrógrada. La diversidad en todas sus formas (género, etnia, lengua, ideología, etcétera) como bandera es un fenómeno cultural que llegó para quedarse”, agrega.

“Finalmente, la toma de conciencia de la violencia como forma de vida actual, trasciende a todas las interacciones, y se transversaliza en las expresiones artísticas, libros, foros, etcétera. Ayotzinapa, como fenómeno representativo, es un lema que ha pasado a la cultura nacional, para bien y para mal”, concluye.

Las nuevas tecnologías aplicadas a la cultura son lo más relevante para la cuentista y docente de literatura Claudia Guillén, quien considera “muy importante” ver cómo dichas expresiones “se han integrado a nuestro quehacer cotidiano”. Esto “permite que se den manifestaciones culturales urbanas, como el grafiti. Me explico: el grafiti estaba asociado, normalmente, con la invasión y la ruptura de los espacios tradicionales para crear la pintura. Gracias a la comunicación que, también, nos permiten ‘las nuevas tecnologías’ podemos acercarnos a esta manifestación de la cultura urbana”, afirma la autora que participó en la antología Cuentos violentos.

Prueba de ello es el reciente libro Codex: una aproximación al grafiti de la Ciudad de México, que en una edición de lujo a cargo de Turner, profusamente ilustrada y con una profunda investigación del antropólogo Sergio Raúl Arroyo, da cuenta de cómo el arte en los muros ha traspasado las barreras metropolitanas para convertirse en expresión favorita de muchos jóvenes a lo largo y ancho de la República Mexicana.

El joven escritor y columnista Jaime Garba encuentra el hecho más relevante de los últimos once años en la pluralidad de voces literarias que han descubierto en internet un territorio de privilegio para manifestar opiniones y dar a conocer su obra.

“Desde hace tiempo, la República de las Letras ha disipado sus fronteras, dejando a un lado la solemnidad literaria a la que nos tenían acostumbrados. Algunas generaciones, como las del Crack y los Infrarrealistas, fueron impulsores de esta democratización, que se materializa apenas de manera tangible en la literatura tan vasta que el internet divulga”, afirma el autor michoacano, coordinador de Literatura del Centro Regional de las Artes de Michoacán. Y concluye, apasionado:

 

Es magnífico ver que las editoriales, editores, escritores y lectores han dado tregua a la batalla contra el libro electrónico y la palabra digital, lo que ha potenciado que una gran cantidad de obras llegue a más ojos. Hoy esos cuentos, poemas, novelas, ensayos y artículos no sólo son parte de un acervo infinito, sino que de fondo hablan, descubren, redescubren, reflexionan y critican los triunfos y padecimientos mexicanos. Es extraordinario conectarse y escuchar voces poderosas de escritores nacionales contemporáneos, nóveles y consagrados, expresando en la inmediatez no sólo su literatura sino su visión del país, para constancia de que ya no se vive una época de sometimiento absoluto.

 

Han sido unos once años “centenarios”, con los primeros cien años conmemorativos de figuras sustanciales de nuestra cultura, como Octavio Paz, José Revueltas, Efraín Huerta y más recientemente Elena Garro. Se ha recordado mucho también a la bailarina y escritora Nellie Campobello, autora de la emblemática Cartucho y objeto de creación para Sandra Frid en la novela La danza de mi muerte.

Es Frid la que lamenta precisamente la partida de Carlos Fuentes en 2012, el año en que se fue con su Aura y su Artemio Cruz hacia otra parte, arreglándoselas de todos modos para estar presente, como en mayo pasado, cuando se presentó su novela póstuma Aquiles o El guerrillero y el asesino.

Sandra también destaca el Oscar para Alfonso Cuarón y el Cervantes para Poniatowska, al tiempo que su tocaya y colega, Sandra Lorenzano, considera que “uno de los hechos culturales más importantes de los últimos años es la aprobación del matrimonio igualitario en la Ciudad de México, por lo que significa de transformación simbólica, cambio de paradigmas, ruptura de prejuicios, etcétera”.

“Siguiendo esta misma línea, pero considerando lo que nos marcó desde el lado de la tristeza, pondría la muerte de intelectuales de la talla de Carlos Monsiváis y Bolívar Echeverría, que nos ayudaban a pensar el país. ¡Qué falta nos hacen!”, se lamenta la autora de la reciente La estirpe del silencio.

“Algo que yo destacaría en estos años es el auge de las editoriales independientes que, contra viento y marea, siguen oxigenando el panorama de la creación y el pensamiento”, agrega. “Me parece digno de celebrar la cantidad de festivales, ferias, encuentros literarios, musicales, cinematográficos y culturales en general que hay en todo el país. Eso habla de la vitalidad de nuestra sociedad en términos de creación y consumo cultural. Es un modo de decir que, a pesar de todo, aquí seguimos”, expresa.

“También me conmueve la vitalidad de la cultura popular; la de siempre, la de las culturas tradicionales que han estado ahí resistiendo a lo largo de los siglos, pero también la de los chavos hoy en nuestras ciudades: rap, hip hop, música alternativa. Y cuando hay diálogo entre esos dos espacios me parece realmente genial, como los rockeros que cantan en lenguas indígenas. Mi depresión frente a la realidad nacional disminuye un poco cuando veo este tipo de creatividad transgresora, inconforme, propositiva”, concluye.

Los últimos once años en la cultura también son de poetas, como afirman muchos escritores, entre ellos el laureado Álvaro Enrigue, quien considera que la verdadera renovación literaria en nuestro país se da en este género.

La poeta Julia Santibáñez (Ser azar es su poemario más reciente) tiene sus propios destacados, a saber: exposiciones de arte internacional como “Zona Maco” (desde 2004 se realiza en la Ciudad de México); “World Press Photo” en el Franz Mayer, desde por lo menos el 2009; “Yayoi Kusama. Obsesión infinita”, en el Museo Tamayo (2014); M. C. Escher (2011) y “Paisajismo británico” (2015) en el Munal; “Leonardo, Rafael y Caravaggio: Una muestra imposible” (2015) en el Cenart, y “Anish Kapoor. Arqueología: biología” (2016) en el muac. Chefs: Enrique Olvera, Lifetime Achievement Award for Latin America del The Diners Club (2015); Pujol, Quintonil y Biko entre los cincuenta mejores restaurantes del mundo. Premios Oscar: Alfonso Cuarón (2014), Alejandro González Iñárritu (2015, 2016), Emmanuel Lubezki (2014, 2015, 2016). Premio Cervantes a mexicanos: José Emilio Pacheco (2009), Elena Poniatowska (2013) y Fernando del Paso (2016). Muertes: Carlos Monsiváis (2010), Carlos Fuentes (2012), José Emilio Pacheco y Gabriel García Márquez (2014).

“Ya tirando un poco de rollo, quizá de las cosas que más me han llamado la atención en estos años es la recuperación de la calle como espacio para las distintas manifestaciones artísticas, desde la Galería Abierta de las Rejas de Chapultepec y Spencer Tunick en el Zócalo (2007), hasta el Corredor Cultural Roma Condesa (diseño, cine, gastronomía, desde 2009), Paul McCartney en el Zócalo (2012), esculturas de Javier Marín en el camellón de Paseo de la Reforma (2012) y Louise Bourgeois en Bellas Artes (2014)”, concluye la también periodista y editora.

Francisco Goldman, que no es mexicano sino guatemalteco y estadounidense, ha retratado en El circuito interior: Una crónica de la Ciudad de México la fascinante y tétrica geografía de nuestra urbe. Lejos de creerse un experto en cultura mexicana, para él lo más valioso son los siete años cumplidos por el Premio Aura Estrada (el nombre de su fallecida esposa) para jóvenes escritoras mujeres, que se lleva a cabo en el marco de la fil Oaxaca.

“Las mexicanas Susana Iglesias, Majo Ramírez y Verónica Gerber, y la boliviana Liliana Colanzi, son muestra del joven talento nacional y la impresión que causa en el mundo la literatura escrita por mujeres, entre ellas Valeria Luiselli, Guadalupe Nettel, Laia Jufresa, Brenda Lozano, Vivian Abenshushan y Daniela Tarazona, entre muchas otras”, destaca.  ~

 

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MÓNICA MARISTAIN es editora, periodista y escritora. Ha escrito para distintos medios nacionales e internacionales, entre ellos la revista Playboy, de la que fue editora en jefe para Latinoamérica. Actualmente es editora de Cultura y Espectáculos en SinEmbargo.mx, donde dirige el suplemento literario “Puntos y Comas”. Ha publicado doce libros.