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Numancia: vigencia de un discurso sin interlocutores

Juan Manuel García Belmonte | 01.10.2016
Numancia: vigencia de un discurso sin interlocutores
 
El canto final donde  se unen las voces de los actores de la Compañía Nacional de Teatro en un coro poderoso, resuena en el Auditorio del Estado de Guanajuato y pulula, se queda en los oídos la palabra Muerte, muerte… ¿muerte?
Numancia, en su estreno en la edición 44 del Festival Internacional Cervantino, sabe a amargura por todo aquello que golpea la dignidad y se mete como serpiente en el estómago hasta carcomer las entrañas.
Este drama escrito por Cervantes en 1784 (El cerco de Numancia) fue reinventado por el dramaturgo Ignacio García para hablar del sentido de pertenencia y coraje de un pueblo, que al final del día, resulta un lenguaje común a todos los pueblos, póngale el nombre que quiera ponérsele ya sea en México o cualquier país del mundo.
La historia es simple o compleja según se vea pues se trata de contar el asedio de la ciudad de Numancia por los romanos, cuyo general decide construir un foso para que los numantinos queden incomunicados, aislados. ¿A qué conflictos políticos le suena esto?
Son muchas las metáforas que pueden encontrársele a la obra dirigida por Juan Carrillo para la CNT, desde los ideales de libertad, la defensa del territorio, el sentido de justicia y la opresión o el vívido deseo de ser un héroe, un pequeño héroe con su pedazo de tierra que se defiende a capa y espada.
El montaje de dos horas de duración, toma la altura de una discusión ética más que estética, donde se insiste en que el hombre puede obtener victoria incluso en la derrota.
Los numantinos resisten y se van con esa resistencia, esos estómagos vacíos, esos dientes apretados y lamentos contagiados de rabia, a bailar la danza eterna.
La escenografía e iluminación son de Jesús Hernández, que urde atmósferas poderosas al servirse de grandes  estructuras que son manipuladas en escena por los actores para multiplicar los espacios escénicos, el adentro y el afuera de la ciudad.
El pueblo, está siempre presente en la escena.
Una constante es el uso de las carretillas y la tierra como elemento, con el que se trabaja para querer simbolizar sin lograrlo del todo ora una tumba, ora una región, ora un lugar en el universo, ora una cavidad enorme, ora un hoyo negrísimo e infinito.
Escrita en verso, Numancia incluye la interpretación de canto cardenche y la música de Juan Pablo Villa (el diseño de vestuario lo firma Jerildy Bosch) que potencia varias de las escenas.
Concebida como la gran apuesta del Cervantino en su oferta teatral de esta edición, Numancia no logró tocar profundamente al sensible espectador de teatro. La obra llega a la monotonía de la interpretación en varios momentos, aunque tiene algunos rescatables.
La puesta en escena se torna aburridísima, con actores que no brillan en esta ocasión, como sí lo han hecho en otras; y esa apuesta monumental de la CNT queda sólo en las buenas intenciones y eso sí, en la monumentalidad de su producción.
El montaje en el que participan 26 actores de la CNT tendrá temporada durante noviembre en  el Teatro Julio Castillo del Centro Cultural del Bosque.

 

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