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Un poema navideño

Armando González Torres | 01.12.2016
Un poema navideño

No tenemos más que un diciembre, empeorado por la mala memoria.

 

Es la época del año en que cargamos con la inmensa culpa de no
saber resguardar bien nuestros recuerdos.

 

Porque los meses de frío y luto no soportan demasiada memoria.

 

Deberíamos aspirar a ser, entonces, aquella pisada en la nieve que desaparece su propia huella.

 

Y deberíamos aprender a no amar nuestros recuerdos, a
desprendernos de ellos sin ningún pesar y dejarlos desnudos en el
frío, a merced del sonido chocante de la publicidad y el eco de los
villancicos.

 

Sin embargo, no puedo dejar de recordar que, de niño, en estas fechas me embriagaba dando vueltas alrededor de mí mismo.

 

Y que, con empecinamiento de niño, trataba de darle significado a las euforias desbordadas de los adultos alrededor de un banquete más bien pobre y un tocadiscos con música vulgar.

 

Porque quería creer que la navidad era un orificio al infinito.

 

Por eso, en las conversaciones subidas de volumen y sobrepobladas de lugares comunes, yo alcanzaba a atisbar el cadáver luminoso de una mirada.

 

Y en la más humilde fruta de la piñata derrotada, que rodaba hasta mí
sin que nadie la disputara, se pavoneaban residuos de dicha y de
consuelo.

 

Como un insecto cálido y colorido, que se posara en el linde del
corazón y se acompasara a su ritmo.  ~

 

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ARMANDO GONZÁLEZ TORRES es poeta y ensayista. Publica en diversas revistas y suplementos del país y el extranjero. Ha ganado premios como el “Gilberto Owen” de poesía y el “Alfonso Reyes” y el “José Revueltas” de ensayo. Es autor, entre otros, de cinco libros de poesía, de los ensayos ¡Que se mueran los intelectuales! y Las guerras culturales de Octavio Paz, y de los libros de aforismos Sobreperdonar y Salvar al buitre.