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Ocho instantáneas sobre las elecciones estadounidenses  

Carlos Heredia Zubieta | 01.01.2017
Ocho instantáneas sobre las elecciones estadounidenses  

La perplejidad. La noche del 8 de noviembre de 2016 asistimos sin saberlo a un cambio de época. Un grupo de 22 académicos mexicanos fuimos testigos presenciales de la insurrección política liderada por Donald Trump, que arrasó con el establishment político estadounidense, ante la incredulidad de nuestros anfitriones y de nosotros mismos, que no lo tomamos en serio a pesar de que los datos que apuntaban a su posible victoria estuvieron allí todo el tiempo.

 

La endogamia. Los estamentos ilustrados sólo hablamos con personas afines y carecemos de instrumentos para tomarle el pulso a quienes piensan de manera distinta a la nuestra. Un joven estudiante en Berkeley dijo: “no conozco a nadie que vaya a votar por Trump”, mientras que el obrero de la vieja industria en los Grandes Lagos proclamaba: “no conozco a nadie que vaya a votar por Hillary”. Muchos electores emitieron su sufragio contra el adversario, más que a favor de su propio candidato.

 

La polarización. Las heridas de la crisis económica y financiera detonada en 2008 aún no han cicatrizado. Barack Obama entrega una economía cuyos indicadores agregados apuntan a una recuperación, pero Estados Unidos sigue siendo una nación desgarrada entre un pequeño puñado de fabulosas fortunas y un océano de familias trabajadores cuyo estatus y cuya movilidad social ascendente carecen de horizonte alguno.

 

La furia. Un grito primario recorre el mundo: la rabia contra la política y los políticos, el rechazo a todo lo que huela a los tejemanejes de personajes que dicen preocuparse por los electores mientras sólo se dedican a procurar su propia reproducción. Los candidatos de la antipolítica surgen prestos para capitalizar este malestar con “soluciones” fáciles que giran en torno a su persona.

 

Las contradicciones. Estados Unidos es el escenario de una guerra cultural: pequeñas comunidades nostálgicas por la pretendida homogeneidad de una sociedad blanca que no volverá, expresando su profundo rechazo contra las grandes metrópolis marcadas por la diversidad étnica, el avance de los derechos de las mujeres y las conquistas del movimiento lgbtq. Una contradicción más: Trump hizo campaña como populista, pero gobernará como oligarca.

 

El racismo. En 2008 creí que la llegada del primer presidente afroamericano a la Casa Blanca marcaba una nueva era de tolerancia y convivencia entre blancos, negros, latinos y asiáticos. Apenas ocho años después aterriza en esa casona construida por esclavos un hombre con expresiones racistas y supremacistas, apoyado por el Ku Klux Klan. Leo un tuit de una mujer musulmana estadounidense: “Esta mañana desperté en un país que eligió como presidente a un hombre que odia a las personas con aspecto como el mío”.

 

Los paisanos. Los trabajadores migrantes mexicanos en Estados Unidos exclaman: con el triunfo de Trump, hoy por primera vez en mucho tiempo, los gobernantes y los empresarios mexicanos experimentan el rechazo y la ansiedad que nosotros sentimos acá cada minuto cuando nos dicen: “los necesitamos, pero no los queremos”. Los empleadores ocupan brazos, pero siempre que los seres humanos que los proveen sigan siendo invisibles, sin derechos y sin una vía para su asimilación a la sociedad estadounidense.

 

El vacío. De regreso en México, el clamor nacional: ¿y ahora, quién podrá defendernos? Nos topamos con una ausencia de liderazgo y con decisiones tomadas sobre las rodillas, dirigidas más a congraciar al Gobierno mexicano con Trump y su entorno, que a formular las grandes líneas del interés nacional y a articular una estrategia que responda a nuestros grandes desafíos económicos, políticos y sociales, más allá de lo que Trump haga o deje de hacer. Menuda tarea la que tenemos enfrente. EstePaís

 

* Consulta el Dosier Trump para leer otros textos académicos sobre las pasadas elecciones en EUA.

 

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Carlos Heredia Zubieta es profesor asociado en el Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE) y coordinador del GIEEU.