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Un puente entre dos Méxicos

Luis Mauricio Torres Alcocer | 01.01.2017
Un puente entre dos Méxicos

Los dos Méxicos

México es en realidad dos Méxicos. El diagnóstico de esta coexistencia de regiones moviéndose a diferentes velocidades no es nuevo. Uno de los estudios más relevantes sobre el fenómeno es sin duda A Tale of Two Mexicos: Growth and Prosperity In A Two-Speed Economy, publicado por el McKinsey Global Institute (MGI) en 2014.1 El documento expone la manera en que una parte de la economía nacional se encuentra estancada en sectores tradicionales e ineficientes, compuestos de empresas pequeñas y empleo informal con casi nada de innovación. La productividad de esta parte de la economía cae a un 6.5% anual. El otro México contiene a sectores modernos, con altas tasas de crecimiento, conexiones con cadenas de valor internacionales y donde la productividad aumenta 5.8% al año.

A diferencia del MGI, en el IMCO planteamos que los dos Méxicos se observan a nivel estatal y no solamente entre sectores y tipos de empresas. Las brechas de desarrollo regionales se observan entre dos grupos de estados. Uno de ellos ha logrado tener niveles de crecimiento económico importantes durante las últimas décadas, lo cual se ha reflejado en el desarrollo regional de zonas como la frontera o el Bajío. El otro México es uno rezagado, sin capacidades económicas para generar empleos de calidad y sacar a la gente de la pobreza; éste es el México del sureste, por ejemplo.

Las asimetrías entre estados son evidentes en el bienestar de sus habitantes. Los estados del sur, Chiapas, Oaxaca y Guerrero, tienen los índices de pobreza más altos del país, con 76, 67 y 65%, respectivamente, de personas en pobreza de acuerdo con cifras del Coneval. En contraste, Nuevo León, Ciudad de México y Baja California tienen los índices más bajos, con 20, 28 y 29%, respectivamente. Aguascalientes y Querétaro han tenido un crecimiento económico de más de 5% en promedio los últimos tres años, mientras que Tabasco, Chiapas o Veracruz han crecido cerca de 1% en promedio.

La presencia de estas diferencias de desarrollo puede explicarse por seis factores que son comunes a los estados que han logrado tener un despegue económico en las últimas décadas: comercio internacional, industrias manufactureras, infraestructura energética, formalidad laboral, densidad de empresas grandes y formales, así como educación técnica y superior pertinente.

 

Comercio internacional

Una diferencia significativa entre los estados desarrollados y los rezagados es su capacidad de conectarse con el exterior. La concentración de las actividades de exportación es un rasgo que divide a los dos Méxicos. El 56% de las exportaciones no petroleras del país en 2014 salieron de cinco entidades: Baja California, Chihuahua, Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas; sin embargo, las 13 que menos exportan, en conjunto, no lograron aportar ni 3% de las exportaciones totales.

Esto se vuelve relevante cuando observamos que las diez entidades que recibieron más inversión extranjera directa (IED) desde 1994 y que en promedio han tenido más exportaciones como porcentaje del Producto Interno Bruto (PIB) incrementaron su ingreso per cápita un 54% de 1980 a 2014. En el mismo periodo los estados con menos IED y menos exportaciones registraron en 2014 un PIB por habitante 1% mayor al que reportaron en 1980. En 2014 la disparidad entre estos grupos de estados era tal que los estados más conectados tenían un ingreso similar al de países como Rumania o Uruguay, mientras que los menos exportadores se parecían más a Mongolia o República Dominicana.2
Si la tendencia del PIB per cápita de estos estados fuera la misma que la observada entre 1994 y 2014, hacia 2050 la brecha de ingreso por habitante entre ambos grupos de estados sería tres veces más grande que ahora. Los más conectados tendrían un nivel de ingreso como el de Corea del Sur o España hoy, mientras que los menos conectados serían similares a Libia o Irak.

 

Industrias competitivas

Las actividades de exportación no se explican sin la presencia de industrias manufactureras competitivas. De acuerdo con datos del INEGI, en promedio los diez estados con menos exportaciones no petroleras como porcentaje de la actividad económica tienen 5% de su PIB en industrias manufactureras. Para los diez estados con más exportaciones la cifra es 29% del PIB. Esta estructura económica intensiva en manufactura les ha permitido a las entidades más industriales especializarse en productos de alto valor agregado como autos, autopartes, aeronaves, computadoras, instrumentos médicos o conductores de electricidad, los cuales, según datos del Atlas de Complejidad Económica3
de México, son los productos más importantes de los estados de manufactureras de exportación. El México rezagado no s
ólo exporta poco como porcentaje del producto, sino que también se especializa en productos de muy bajo valor agregado como frutas, verduras, salsas, minerales, azúcar o carne.

El problema de los estados rezagados no es únicamente que exportan poco y productos de bajo valor agregado, también es la falta de diversificación sectorial. En el caso de Campeche y Tabasco su principal producto de exportación es el petróleo, que representa el 97% y el 89% de las exportaciones totales, respectivamente. Estos estados no son los únicos con baja diversificación de productos. En Puebla, Hidalgo, Chiapas y Guerrero más de 50% de las exportaciones se concentran en un solo tipo de productos. Por otro lado, en entidades como Nuevo León o Tamaulipas, aun sumando los diez productos más exportados, éstos no representan ni 45% de sus exportaciones totales.

 

Infraestructura energética

Los estados exitosos son exportadores, especializados en industrias manufactureras. Para poder desarrollar industrias de este tipo es fundamental contar con infraestructura energética. Siguiendo con información reportada por la Secretaría de Energía y Pemex, en 2013 existían 14 estados sin gasoductos. En estos estados sin infraestructura energética, en promedio la actividad industrial de manufacturas representó el 10% del PIB en 2014. En los 18 restantes las manufacturas representaron el 23% del PIB en promedio. Adicionalmente, estas últimas entidades concentraron 81% de las manufacturas totales del país.

 

Formalidad laboral

Otro factor imprescindible para detonar el crecimiento, la productividad y combatir la pobreza es la formalidad laboral. Los salarios y las prestaciones de los empleos formales son un medio fundamental para ofrecer mejores ingresos a las familias.

En este sentido no es casualidad que los cuatro estados con más personas en condición de pobreza (Chiapas, Oaxaca, Guerrero y Puebla) son también los que tienen las mayores tasas de informalidad laboral, con 79, 81, 81 y 72%, respectivamente. Paralelamente, los cuatro estados menos informales son los más desarrollados, es decir, Nuevo León, Ciudad de México, Baja California y Sonora, con tasas de 37, 50, 40 y 43%, respectivamente.

Los programas asistencialistas por sí solos no lograran reducir la pobreza en el largo plazo. Es necesario fomentar mercados laborales formales, productivos y que brinden salarios competitivos para que las familias tengan ingresos que les permitan salir de la pobreza. A nivel nacional, los trabajadores formales ganan en promedio poco más de 7 mil pesos mensuales, mientras que los que laboran en condiciones de informalidad reciben ingresos por 4 mil 300 pesos. Este patrón se repite a nivel estatal pero en algunos estados la diferencia entre un salario formal y uno informal puede ser mucho más grande. En Chiapas un empleado formal gana 6 mil 700 pesos, mientras que uno informal recibe únicamente 2 mil 500. En Campeche, probablemente derivado de las distorsiones impuestas por la presencia de Pemex, los formales reportan salarios por arriba de los 9 mil pesos y los informales de 3 mil 900 pesos. En Oaxaca y Veracruz la diferencia salarial es también alta: los empleados formales reciben sueldos entre 100% y 120% más altos que los informales.

 

Más empresas grandes y formales

La presencia de un ecosistema propicio para la apertura y supervivencia de empresas legales y formales con capacidades para crecer y generar empleo es otra característica de los estados desarrollados. Este ecosistema de empresas formales es un bien público para transformar a México.

De acuerdo con datos del INEGI, en Colima —la segunda entidad mejor evaluada en “apertura de una empresa” por Doing Business del Banco Mundial— aumentó un 24% el número de establecimientos durante 2012. Guanajuato, primer lugar en apertura de empresas, lo aumentó en 14%. Por otra parte, en Tabasco se redujeron en 8% los establecimientos.

En los estados desarrollados y con menos informalidad existe una mayor densidad de empresas grandes. En Nuevo León, el 11% de los establecimientos tiene más de diez empleados de acuerdo con el Directorio Estadístico Nacional de Unidades Económicas del INEGI. En Baja California la cifra es 9.9%, en Coahuila 8.4% y en Querétaro 7.3%. En el otro extremo se encuentra Oaxaca, donde sólo 3.9% de los establecimientos son grandes (más de diez empleados), y en Chiapas, Michoacán y Guerrero el porcentaje no llega ni a 5%. En Querétaro y Nuevo León existen cerca de 23 empresas registradas en el imss por cada mil personas económicamente activas, en Baja California y Coahuila se encuentran 18. En contraste, Michoacán tiene sólo nueve empresas formales registradas en el imss por cada mil adultos, Guerrero 5.4, Chiapas 4.5 y Oaxaca 4. Si no existen empresas formales y grandes, será muy difícil crear empleos con las mismas características.

 

 

Educación técnica y superior pertinente

Si bien aún existen rezagos por atender en el terreno educativo, las diferencias entre estados son menos pronunciadas que en otros ámbitos. Entidades como Chiapas, Oaxaca y Guerrero tienen en promedio entre siete y ocho años de escolaridad, mientras que la Ciudad de México y Nuevo León, las más avanzadas, entre 10 y 11 años. La eficiencia terminal en secundaria es en promedio de 86% para todos los estados, y los más rezagados reportan 78%. Sin embargo, un área de oportunidad que tienen los estados para reducir la brecha de desarrollo es generar más profesionistas y técnicos con las capacidades necesarias para conseguir empleos productivos en el sector formal.

Educar es formalizar. La falta de educación es una barrera de entrada al mercado laboral formal. Las personas que cuentan únicamente con secundaria tienen 53% de probabilidades de estar empleadas en la informalidad. Esta probabilidad cae a 40% para los que terminaron la preparatoria o equivalentes, y a 30% para los que cursaron una carrera técnica. Mejorar el nivel educativo de los estudiantes es ofrecerles herramientas para lograr su empleabilidad en la formalidad.

Desafortunadamente en la educación técnica no se crean planes curriculares que desarrollen las habilidades que los estudiantes van a necesitar en el trabajo. En 2014 los gobiernos estatales y el Conacyt crearon las Agendas Estatales de Innovación. Estos 32 informes enlistan los sectores industriales y de servicios en los que cada estado tiene ventajas comparativas y en los cuales debería centrar esfuerzos y recursos para detonar la innovación y el crecimiento local. A pesar de contar con este diagnóstico, los programas educativos del Conalep, por ejemplo, no siempre están diseñados de acuerdo con las necesidades de los empleadores. Mientras en Morelos existe sólo un programa alineado a la Agenda Estatal de Innovación del estado, Tlaxcala, Oaxaca y Guerrero tienen dos cada uno, Coahuila tiene seis y Nuevo León 13. Otro dato es que las 32 entidades ofrecen la especialidad de Estilismo en los Cecati, donde se imparten clases de cuidado facial, manicuro y pedicuro, pero sólo Jalisco ofrece la especialidad de Electrónica Automotriz. La oferta de programas educativos pertinentes es más amplia en estados desarrollados.

 

El puente

Más allá de encontrar los determinantes del rezago en el sur del país, el foco debe ponerse en qué hicieron los estados que lograron desarrollarse en las últimas décadas. Un objetivo de la política pública federal y estatal debe ser crear una configuración económica que permita a las entidades rezagadas consolidar una industria manufacturera de alto valor agregado y conectarse a cadenas de valor internacionales. Además, generar capacidades técnicas en estudiantes de educación superior que los hagan empleables en el sector formal. La infraestructura es también un pilar importante para detonar actividad industrial, así como la consolidación de un ambiente de negocios propicio para la creación y supervivencia de empresas formales. Implementando acciones de política pública en los seis factores mencionados la brecha de desarrollo regional puede reducirse.4  EstePaís

 

NOTAS

1 Ver: <http://www.mckinsey.com/global-themes/americas/a-tale-of-two-mexicos>.

2 Estimaciones hechas utilizando el factor de conversión a Paridad de Poder de Compra publicado por el Banco Mundial.

3 Datos e información disponible en: <http://complejidad.datos.gob.mx/>.

4 Para más información sobre los estudios del IMCO entra a  o síguenos en nuestras redes sociales:  <@IMCOmx>.

 

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LUIS MAURICIO TORRES ALCOCER es investigador del IMCO <@MauAlcocer>.

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