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Agujeros blancos

Carlo Altamirano Allende | 01.01.2017
Agujeros blancos

El sentido común y la experiencia nos indican que el objetivo de la vida es alcanzar un estado de felicidad plena; cuando uno se siente genuinamente feliz es evidente: un deseo irresistible de sonreír, acompañado en general por una actitud positiva ante el trabajo y la rutina diaria. Sin embargo, estas muestras tan obvias de alegría nos pueden traer problemas.

Científicos de la Universidad de Nueva York han demostrado —científicamente— que una actitud jovial muy notoria puede tener un impacto negativo en la vida y el trabajo. Individuos que aparentan estar demasiado alegres y contentos —todos conocemos a alguien así— dan una impresión generalizada de ser ingenuos y de no querer aceptar información negativa. Más aún, la gente muy feliz tiende a ser explotada en conflictos de interés y negociaciones laborales. El estudio, publicado en noviembre de 2016 en la revista Organizational Behavior and Human Decision Processes,1 arroja nueva luz sobre el campo de la psicología y del comportamiento al identificar desventajas significativas en la expresión de felicidad. Investigaciones previas habían confirmado que las personas “felices” normalmente reprimen los pensamientos negativos y tienden a confiar en otros más que el promedio de la gente.2 Así que, al menos en el trabajo, procure sonreír pero no demasiado, ya que corre el riesgo de ser juzgado como cándido e inocente.

 

 

El último gran remedio para curar la comezón requiere que usted se mire en el espejo y se rasque el lado opuesto de su cuerpo. Así lo reveló un equipo de científicos alemanes en un estudio publicado en la revista de la Public Library of Science (PLOS ONE),3 el cual tiene como objetivo probar mecanismos de atenuación de la picazón en partes del cuerpo humano utilizando trucos visuales en el cerebro. Por medio de diversos experimentos, los participantes redujeron la sensación de comezón en un brazo de forma significativa al observarse en un espejo y percibir el otro brazo como la fuente de la comezón, rascándose ahí en consecuencia. Esta investigación ganó el Ig Nobel de Medicina 2016, premio que se otorga a investigaciones científicas inusuales, imaginativas y que motivan el interés en temas de ciencia, tecnología y medicina.

 

 

Románticamente, se dice que el beso es medicina para el alma; científicamente, se afirma que es medicina para el cuerpo. El profesor Hajime Kimata, de Osaka, Japón, ha estudiado con profundidad la relación existente entre el acto de besar y la reducción de alergias en el cuerpo. Su receta puede resultar bastante atractiva para algunos: una sesión de besos de treinta minutos puede reducir el efecto de diversas reacciones alérgicas. Para uno de sus estudios, pidió a treinta pacientes con síntomas de alergias en la piel producidas por polen que besaran a sus respectivas parejas por media hora en un cuarto privado ambientado con música romántica. A todos los pacientes se les hicieron pruebas en la piel antes y después de la sesión en pareja, y se encontró que la reacción al polen y al polvo era mucho menor después de esos treinta minutos de besos continuos.4 Cabe destacar que todos los pacientes eran de nacionalidad japonesa, la cual no se caracteriza por grandes muestras de afecto. El Dr. Kimata fue reconocido con el Ig Nobel de Medicina en 2015, y durante la premiación expresó su apasionado interés en que la gente entienda la relevancia de un beso, no sólo como muestra de amor sino de alivio en el sufrimiento de alergias.

Otro efecto de sesiones intensas de besos es la transferencia de adn de un individuo a otro. En un estudio sobre las consecuencias biomédicas de besar, llevado a cabo por científicos eslovacos,5 se demostró que el adn de una persona puede ser encontrado en la saliva de otra aun horas después de la acción del beso; esto resulta en una fuente crítica de contaminación para muchos estudios que usan el adn de la saliva. Además de contribuir al estudio de la predisposición genética a varias enfermedades, este resultado es muy importante en las investigaciones forenses para identificar a perpetradores de abuso sexual mediante el análisis de la saliva de la víctima. ~

 

* Ilustraciones de María José Ramírez

 

NOTAS

1 <http://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0749597816303144>

2 <http://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0092656601923335>

3 <http://journals.plos.org/plosone/article?id=10.1371/journal.pone.0082756>

4 <http://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0031938403002956>

5 <http://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S1872497312001834>

 

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CARLO ALTAMIRANO ALLENDE es licenciado y maestro en Física por la UNAM. Actualmente es becario Fulbright y candidato a doctor por el programa Dimensiones Sociales y Humanas de la Ciencia y la Tecnología de la Universidad Estatal de Arizona.

 

 

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