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#Ayuujk: Bardos, djeles y otros expertos en el arte de narrar

Yásnaya Aguilar | 28.03.2017
#Ayuujk: Bardos, djeles y otros expertos en el arte de narrar

I.

Los bardos, narradores y músicos ambulantes, recitaban la historia de sus pueblos y los relatos propios de su tradición oral. En la antigua Irlanda, por ejemplo, los bardos estaban rodeados de un halo casi sagrado que les aseguraba estima, respeto y admiración. En Mali, África, los llamaban djeles y se les atribuían incluso poderes sobrenaturales. Los contadores de historias ejercían una función social que se pensaba imprescindible: narrar, relatar, poetizar.En muchas culturas, el oficio del narrador estaba altamente especializado. Los trabajos de los bardos se forjaban mediante la adquisición, posesión y actualización de los conocimientos propios de sus pueblos. Recorrían el territorio narrando historias. Para relatar, hacía falta especializarse a profundidad en un repertorio increíblemente complejo de historias, costumbres y el modo de vida de las culturas a las que pertenecían. Además de transmitir narraciones que relataban el principio de los tiempos, propagaban mensajes o noticias de la actualidad. Eran los depositarios de la historia además de ser los cronistas de su época. No sólo bastaba conocer la historia, tenían que aprender las técnicas para contarlas, las habilidades para mantener tanta información en la memoria, los detalles y mecanismos para adornar el habla y construir un discurso que diera por resultado el efecto esperado en el público. Los bardos reciben distintos nombres en distintas lenguas y pueblos: bardos, juglares, escaldos o djeles por mencionar sólo algunos.

 

         

 

     

 

 

     

Las tres imágenes fueron tomadas de http://www.mariespastiche.com/2015/01/the-singing-man-learning-about-west.html

El crédito de las fotos corresponde a The Casas-Rodriguez Postcard CollectionAlexandre Baron y Emilia Tjernstrom, respectivamente.

 

Los bardos, por definición, prescindían de la palabra escrita y utilizaban la música como acompañamiento imprescindible para el arte de narrar: en muchas culturas se narraba cantando las hazañas, las historias o las gestas de algún gran héroe mítico. El soporte de las historias de un bardo no era la escritura, era un acto performativo en el que la historia, las palabras, la voz, la música y los gestos formaban una unidad al servicio de la narración.

Por lo general, el oficio se heredaba. Para muchos, además de ejercitarse en la técnica de ejecución, era necesario que estas habilidades se transmitieran a través de los lazos familiares. El núcleo familiar era una escuela que guardaba los detalles para producir el efecto. Los bardos son los especialistas culturales de la narración.

 

II.

La lingüista Elena Ibáñez ha pasado muchos años entre los pueblos yumanos del norte, ha estudiado las lenguas agonizantes de esta familia. Entre la desolación de los últimos hablantes, los destellos que nos aportan sus lenguas no dejan de sorprender. En el desierto de Baja California, se puede decir que existen dos estaciones principales, la estación del calor extremo y la estación del frío radical. Elena me contó que durante el verano está prohibido contar las narraciones de tradición oral para evitar el enojo de las serpientes que, al escuchar estas extraordinarias narraciones, montan en cólera y se vuelven más agresivas contra los humanos. Es junto al fuego, en invierno, que las narraciones toman voz y lugar mientras las serpientes se guarecen en algún lugar cálido, si los hay, lejos de los humanos. El viento frío que azota el desierto cobija los relatos. Las narraciones tienen un tiempo específico en el que pueden suceder y transmitirse.

 

 

 

III.

En la cultura mixe, las narraciones tradicionales utilizan la repetición como mecanismo fundamental; le llamo la “estética de la repetición”. Los episodios se repiten tres veces para marcar su relevancia dentro del relato y marcan también los episodios que guían el rumbo de la narración o que definen lo que sucederá después. Son tres las veces que uno de los héroes míticos advierte a su hermana que sólo coseche trece mazorcas de la milpa; en otro relato, la abuela de los niños, que después se convertirán en el Sol y la Luna, los llama tres veces antes de descubrir el cadáver del abuelo; el tlacuache engaña tres veces al jaguar. Las tres repeticiones atraviesan las antiguas narraciones mixes de tradición oral.

 

IV.

Cada cultura caracteriza a su narradores, cada cultura cuenta con tiempos y rituales propicios para el acto de narrar y disfrutar de una narración: la sala de un cine un domingo en la tarde o una noche de invierno en el desierto yumano de Baja California. Cada cultura emplea mecanismos distintos para avanzar en el relato como lo evidencian las tres repeticiones del mixe.

Actualmente, los especialistas de la narración se han multiplicado tanto como las formas de narrar: bardos novelistas, bardos creadores de videojuegos, bardos cineastas. En un contexto actual en el que la diversidad de lenguas se extingue rápidamente, los mecanismos de narración de las diversas culturas de México se van perdiendo a la par. Los espacios de transmisión de las narraciones y los bardos especialistas en relatar cada vez son más escasos.

 

V.

Hace poco murió en mi comunidad un anciano que me contó hace mucho la historia de la creación del Sol y de la Luna, lamentablemente, aunque conozco la historia y podría repetirla, no manejo las estrategias necesarias para hacerlo, no soy especialista narradora de las historias fundamentales para el pueblo mixe. Sin embargo, pienso en que es necesario adquirir esas habilidades y recrear los espacios para transmitir y disfrutar de esas narraciones que articulan y explican el orden del mundo y de las cosas. Larga vida a los bardos, djeles y a los expertos de las narraciones tradicionales.

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