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Hablar como acto de resistencia

Jamyats

Yásnaya Aguilar | 17.07.2015
Hablar como acto de resistencia

Cada vez que hablas en una de las lenguas indígenas de este país, cada vez que estableces un diálogo en lengua seri, cada vez que un pensamiento toma forma en las estructuras gramaticales del zoque, creas un acto de resistencia. ¿A qué resistimos? Resistimos a las campañas orquestadas de castellanización obligatoria, le decimos “no fuiste suficiente” a todo el presupuesto gastado en programas, maestros y libros que nos repetían que no podíamos hablar en las lenguas de nuestros pueblos, resistimos a todos los esfuerzos del gobierno para extinguir nuestras lenguas realizados a lo largo de la historia de México como país.

Cada vez que hacemos una asamblea para discutir asuntos de la vida pública de nuestra comunidad en mixteco, le decimos al Estado mexicano que no aceptamos al español como la lengua única, la oficial de facto. Hablar chatino para hacer compras y ventas en el mercado le dice al mundo que, a pesar de las multas, a pesar de los golpes, los varazos en la mano y los castigos físicos aún preferimos hacer operaciones matemáticas pensadas en nuestra lengua.

Cada vez que intentas aprender una de las lenguas indígenas, le dices al Estado que aun cuando no te garantiza espacios para hacerlo, deseas, como es tu derecho, viajar a otros territorios cognitivos, territorios que el Estado pretende extinguir.

Cada vez que le hablo a un niño pequeño en mixe y le cuento historias, le digo al Estado mexicano que muy a su pesar aún puedo crear caminos para la transmisión de la lengua. Cada vez que le pones un nombre a tu hija en alguna lengua indígena, un nombre que se escribe con diéresis, apóstrofes o subrayados le dices al sistema que estás dispuesto a sufrir el tormento al que te somente con tal de que entiendan de una vez por todas que solo es cuestión de decirle a las máquinas que escriban esos caracteres, que no son extraños y que tienes derechos.

Al comienzo de la vida independiente de este país, aproximadamente el 65% de la población mexicana hablaba alguna de las lenguas indígenas, actualmente, solo somos el 6.5%. Cada vez que establecemos un acto de habla en alguna de las lenguas indígenas decimos con cada oración que resistimos, que aún estamos, que aún hablamos y que nuestra voz toma forma en estructuras sintácticas y en sistemas semánticos que ponen nerviosos a los defensores del Estado.

Tal vez no nos damos cuenta, pero cada vez que debatimos en zapoteco, en mayo o en maya escapamos a los discursos que el Estado puede manipular, a los discursos que el Estado puede controlar porque simplemente no los entiende. La ventaja del combate que se ha hecho en contra de las lenguas indígenas es que el Estado aún no ha podido apropiarse de estos territorios lingüísticos pues los rechaza, los combate.

Cada vez que hablas una lengua indígena, resistes. Hablar una lengua indígena, en las circunstancias presentes, es habitar un territorio cognitivo que todavía no ha sido conquistado, al menos no del todo. Escapemos a esos territorios, habitémoslos. Recuerda todo esto al hablar: jamyats, ejtp.

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