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#CuerposVigilados: La maldita primavera de San Junípero1

Alex M. Azpiri | 11.04.2017
#CuerposVigilados: La maldita primavera de San Junípero1

Mi piel se está arrugando y mi cabello empieza a mostrar sus primeras canas y, del otro lado del espejo, en mi mejor selfie, se duplica e inmortaliza un otro yo por medio del cual me prometo empezar siempre “de nuevo”. Porque no conozco otra forma.

Subyugado a este insoportable régimen de la representación, me humanizo y me doy un pasón de identidad (sobre-estadiándome-del-espejo) por medio de estos dispositivos antropocéntricos y sobre-humanistas del insistentemente perspectivista régimen de la imagen. Ese espacio óptico de figura-fondo, relato, causa-efecto, en el cual re-depositamos todas nuestras esperanzas para darnos (más) humanidad, para tener visibilidad, reconocimiento e identidad. Porque no tenemos de otra, no nos lo hemos permitido y giramos insistentemente en torno a nuestras proporciones vitruvianas: esa consigna antropocrática será la última en morir mientras seguimos enfermando en las sobre-humanizadas, opresoras e intocables supremacías de la razón y de la acumulación de imágenes, capital y saber.

Como dos relatos paralelos o, más bien, como un no-relato (las arrugas de la piel) dejado al olvido y opacado por el relato lineal (el progresivo arrugamiento de la piel), asisto al trágico destino de la razón que todo quiere progresarlo y evolucionarlo hacia un fin último, como si lo hubiera, como si lo necesitáramos; un destino demasiado humano y demasiado lineal: un San Junípero que extiende la finitud y contingencia hacia el neo-utopicus uranus eterno del cielo de los súper-humanos capitalizados y expulsados de su diferencia.

San Junípero (el lugar) es una selfie donde buscamos inmortalizar nuestra juventud; una portada de revista donde somos asimilados por el régimen perspectivista de la imagen, demasiado óptica, demasiado blanca, para tener visibilidad; una canción post-pop que regurgita la nostalgia consumista hasta inmortalizarla en un cuadro/sinfonía hiperrealista; y la última parada del dispositivo fármaco-tóxico-higiénico-porno-afectivo-capitalista que, por medio de una nada nueva transacción, intercambia afectos por sentimientos, cuerpos por almas, erotismo por sexualidad, finitud por eternidad y vejez por juventud. Una extensión de la vida cifrada por corporativos y que, bajo el perfeccionamiento de varios dispositivos (el de la imagen figurativa, el del sonido narrativo y el de la nostalgia capitalista), logra suprimir todas las diferencias en una orgía benettoniana multicultural. Suprimiendo la vejez y ocultando las injusticias y desigualdades del mundo al último grito de las tecnologías hiper-visuales de las democracias. Como un paliativo que lucra con el sufrimiento más que como una oportunidad. Como el capitalismo. Como la vida. Como el amor.

San Junípero es una eterna fiesta donde el deseo se ha liberado de la imposibilidad del cuerpo, de su diferencia, su gradación de color, su (d)olor, su piel y su finitud. Es el algoritmo final de Facebook que actualiza el deseo consumista y personaliza la última publicidad ya no después de la “sociabilidad entre usuarios”, sino incluso desde antes de desear. Es la incorporación de todos los dispositivos y tecnologías de la sexualidad y el cuerpo realizadas: el exilio total del espacio y la instauración del régimen del hiper-control.

 

"San Junipero", Black Mirror, Netflix

 

San Junípero es Tinder, ese espacio donde la potencia corpórea ha sido suprimida por el relato algorítmico de nuestras conciencias duplicadas, donde es la imagen quien desea y es deseada, y que interactúa con otras imágenes más allá del sueño y más allá de la muerte. Más allá de nosotros. Es el exilio total del cuerpo y la realización total del yo. Es la imposibilidad del deseo creador y la culminación hiper-panóptica de las sociedades de control, sin vigilantes, sin cuerpo. 

Mientras mi pelo se va blanqueando-envejeciendo, el filtro ilustrado de mi celular blanquea-rejuvenece por mí todo mi cuerpo, en un vintageamiento desde el cual me relato la historia de mi vida y subsumo mi corporalidad al dispositivo narrativo de la nostalgia capitalista. Y lo pongo a bailar en una pista de baile donde devengo rockstar según la época que cada filtro de Instagram me ofrezca. Imagen desde la cual los múltiples devenires de mi juventud son capturados por el Relato de La Juventud: esa piel blanqueada, tersa y aventurera en la que re-colonizo mi piel cada vez que secreto-produzco nostalgia. Nostalgia de una juventud inexistente, nostalgia de las bicicletas que nunca anduve en un suburbio gringo, nostalgia de una canción de country que nunca bailé ni escuché, nostalgia de un río mágico al que nunca fui a acampar y hasta el baile de un prom en el que no tuve pareja de baile y en el cual, de haber asistido, seguramente habría acabado bañado en sangre de puerco transgénico-colonial. Nostalgia de una juventud que nunca pasó y de una revolución que nunca llegará.

Pero intento empezar de nuevo con esta crema-imagen-canción rejuvenecedora incorporada a toda la nostalgia que consumo. Y, mediante la implosión de imágenes y visibilidad de “todos los (United) colores (of Benetton) y cuerpos (jóvenes, sanos y rebeldes) existentes”, renuncio a la capacidad de sentir y de devenir el animal y el piel-necrosa que me habita y que me inter-conecta con el otro y con la muerte.

San Junípero es esa producción de Nostalgia del deseo capitalista de eterna rebeldía y eterna juventud. Ese lugar donde el envejecimiento, la piel y el animal desaparecen, no del campo de visibilidad (pues no la pueden), sino de su potencia, sensualidad y devenir. Como cualquier retrato, cualquier portada de revista o cualquier publicidad.

San Junípero (el capítulo) lo estamos ya viviendo y pienso que, como todo Black Mirror, aunque no haya mucha sangre (pero sí un puerco) es de terror. Como la vida misma y, sin la carta postal de la eterna primavera de San Junípero, también como el amor.

 

1. "San Junípero", al cual hago referencia en este texto, es el cuarto episodio de la tercera temporada de la serie Black Mirror

* Crédito de la imagen principal: She said infinity is a great place to start, de Cristina L. F. en Flickr.

 

Alex M. Azpiri

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